Grupo Ramon Llull


El problema es innegable por mucho que se ataque al presidente del PP acusándole de crear un problema inexistente. La coacción ejercida sobre los ciudadanos de a pie por los poderes fácticos para acallar el problema es evidente. Desde su prepotencia saben que los afectados no quieren enfrentamientos, pues ni los alumnos, ni sus padres, están en condiciones de correr riesgos innecesarios a corto plazo. Pero recuerden que a medio y largo plazo la solución estará en su mano con la papeleta del voto. Si el problema tiene su origen en las disposiciones legislativas del PP no cabe duda de que su ejecución más radical ha correspondido a los dos Pactes de Progrés, aunque dicha responsabilidad también alcanza a la quinta columna catalanista que existe dentro del PP.
Está claro que las declaraciones del presidente del PP, a pesar de su espontaneidad, no han pinchado en hueso sino que han llegado a órganos sensibles conectados no sólo con la lengua sino con el poder del pancatalanismo que se constituye como una agresión al libre desarrollo de la personalidad de los habitantes de nuestras islas. Estas islas, en la historia, siempre se han distinguido por su capacidad para absorber culturas diferentes que las han enriquecido. Estas islas pueden hoy quedar monopolizadas por el pensamiento único impuesto por los últimos invasores. Estas islas pueden perder el bilingüismo fáctico, natural, espontáneo y atractivo, que siempre habían disfrutado con más libertad incluso que ahora, cuando el marco constitucional legislativo era más restrictivo que el actual. El bilingüismo oficial hoy está en peligro y su defensa nos corresponde a todos. En esta lucha hay que defender la lengua que recibimos de nuestros padres y abuelos pero también conseguir un nivel alto en castellano y en cualquier lengua como base para nuestro desarrollo cultural y económico.
Ahora bien, el mal uso que se está haciendo de la legalidad induce a pensar que la ejecutoria tiene que cambiar, ya que si el cauce es tan ambiguo que permite el caos actual, habrá que plantear un cambio del marco legal. Quizá la situación política que se vive impide exigir hoy a cualquiera de los que mañana tendrán que gobernar que definan exactamente lo que van a hacer después. Sin embargo, sería bueno que todos los partidos expresaran claramente cuáles son sus principios y sus ideas sobre los cambios legislativos que proyectan proponer, aprobar o apoyar, para que el electorado sepa a qué atenerse. Antes de recibir unas propuestas más claras, nos conformamos con declarar la gravedad del problema y prepararnos para el momento de votar.
El problema de la lengua y de la educación habrá que compatibilizarlo con el de la economía, que para muchos ciudadanos es prioritario. El mismo marco legislativo que permite el caos en la educación es el que estimula la burocracia y las dobles o triples competencias, que es la peor herencia de la Transición. Esta herencia es insoportablemente cara y constituye un verdadero freno a la creación de puestos de trabajo. El futuro será duro para los que se presenten a las elecciones y más para los que las ganen. Serán necesarias agallas, vocación, seriedad e inteligencia. Exijamos que se abstengan los que en política buscan sólo un medio de vida y de subsistencia.
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