lunes, 25 de enero de 2010

¿En qué idioma falta contarlo?: el Estado Español está en quiebra

(...)Si el problema de España es la falta de ahorro y el exceso de deuda, el Gobierno ha tirado de más deuda para apagar el incendio, y es ahora cuando comienza a atisbarse la factura. La pregunta es... ¿quién la pagará? Respuesta: los contribuyentes y los hijos de los contribuyentes. Pero, ¿y si es tan abultada que no se puede pagar? Pues entonces será cuando los acreedores (Alemania y Francia) tomarán cartas en el asunto y, al igual que una empresa en suspensión de pagos, impondrá un duro plan de reestructuración o liquidación de activos para tratar de recuperar lo que pueda.
Es decir, ya sea el Fondo Monetario Internacional (FMI) o la Comisión Europea (CE), tomarán el control de la compañía para hacer lo que su actual gestor (Zapatero) es incapaz de realizar: el mayor recorte de gasto público de la historia reciente del país y, posiblemente, nuevas subidas fiscales para cuadrar las cuentas e ir amortizando deuda poco a poco.
Hoy por hoy, a falta de un cambio radical de rumbo, es muy improbable que el actual Gobierno sea capaz de poner en marcha un duro, pero más que necesario y sano, plan de austeridad presupuestaria que elimine partidas enteras de gasto, recorte salarios a funcionarios, borre ministerios y rebaje drásticamente prestaciones y subsidios. Y es que ante un escenario de este estilo, los sindicatos, ahora callados y sumisos, no tardarían ni un minuto en tomar las calles, con el consiguiente conflicto social que ello implicaría. El sector público se paralizaría.(...)

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(...) Se trata de un panorama previsible, pero que representará un shock traumático para la sociedad española y ante el que conviene tomar decisiones personales con carácter preventivo.

Es muy posible que el Estado no pueda pagar a los funcionarios, y que lo mismo suceda en autonomías y ayuntamientos. Evidentemente, se ha de ir a un drástico descenso del gasto público. Eso puede afectar a los subsidios de paro y a las pensiones.

Es preciso desmantelar el Estado de bienestar, porque no se pueden sostener unos sistemas educativo y sanitario estatalizados, tan caros y tan ineficientes, no se pueden sostener las redes clientelares de los partidos y los partidos mismos financiados con el dinero del contribuyente. Lo lógico es que se hubiera ido a un período de transformación, pero todas las medidas han ido en la línea incorrecta, incrementando el despilfarro, incluso el Estado se ha dedicado a competir por el crédito con los empresarios. Tenemos un modelo político inviable y debe ser regenerado. Pero hay mucha gente que depende de él y ahora la gente les va a llegar a ellos, que están atrapados. La cuestión es que no han quedado resortes morales en la sociedad, amén de cauces de participación, para evitarnos todas las desgracias y los sufrimientos por los que vamos a pasar, de manera inminente. (...)

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