lunes, 18 de enero de 2010

El mago Tamariz entrevistado en Epoca



Juan Tamariz

-¿Es usted el mejor mago del mundo?

-No creo que en arte haya ni mejor ni peor. Hay quien más te emociona... Eso sí, seguro que no hay nadie que le ponga más pasión y más fuego interior que yo.

-Por eso le estudian en distintas Universidades americanas...

-Eso es porque he escrito muchos libros y me han llamado para ir a dar charlas a distintas facultades de arte. Es divertido, porque me he encontrado con personas que conocían mis libros mucho mejor que yo.

-¿Ha contabilizado alguna vez cuántos juegos sabe?

-¡Exactamente 1.814! [Se ríe] No, es broma, no tengo ni idea.

-¿Y se los ha inventado usted todos?

-Qué va, los he ido aprendiendo. En la magia existe la figura del maestro personal que no sólo te transmite el conocimiento de este arte, sino que te transmite algo de su persona.

-¿Qué maestro le ha inspirado a usted?

-He tenido varios maestros, pero el que más me ha marcado, sin duda, ha sido José Frakson.

-¿Él le enseñó a tocar el violín?

-Eso es mío. Él me enseñó que la magia es un arte en el que el amor es lo principal. No tiene nada que ver con el admiradme, aplaudidme, pagadme... Si aquí no quieres a las personas, no hay nada que hacer.

-El gusanillo por la magia le entró pronto por el cuerpo...

-Sí, cuando era un chiquillo, tenía seis o siete años, por alguna razón empecé a pedir a mis padres cajas de magia o que me llevaran a tal circo porque actuaba tal o cual mago... No sé bien por qué, pero tuvo que haber algún mago que me fascinara. O alguna maga.

-¿Y cómo inventa un juego de magia?

-Te pasas el día currando, dándole vueltas y cuando llega la inspiración te suele salir algo... A mí me ayuda pensar en algún deseo que me gustaría que fuera verdad.

-Así que va un poco por libre...

-En la Fundación March de Madrid hay hasta 2.500 libros de magia que seleccionan juegos de todos los estilos y en casa tengo casi mil que me ayudan también. Te enseñan cosas sobre psicología mágica; otros son más técnicos.

-¿Suele utilizar la magia para algo que no sea entretener?

-El entretenimiento para mí es pasar el tiempo. La magia me parece algo más serio... No es como un crucigrama. Lo relaciono con el arte, con la forma de expresarte. Intentar tener un mundo interior lo más profundo posible... Es como el arte, el cine, la literatura.

-¿Y para conquistar a una mujer?

-Nunca lo he necesitado, con estos ojos que tengo...

-Pero se casó usted con una maga.

-Sí, pero ella utilizó malas artes para enamorarme. Nos conocimos en un congreso de magia.

-Seguro que sucumbió por esa gracia que tienen los magos.

-Bueno, hay de todo. Lo importante es sentir la pasión y el fuego interior de la magia. Yo lo hago con alegría, pero hay otros magos que utilizan otro tipo de expresiones, como el drama o la sensualidad.

-¿Le asesoró alguien en temas de imagen? Porque no ha cambiado nunca su look...

-Nunca lo he pensado. Al principio tenía que salir con esmoquin a actuar. Te hablo de los años cincuenta y recuerdo que estaba incomodísimo. Al tiempo, empecé a actuar sin chaqueta, pero me llegaron cartas de protesta.

- Tampoco ha sido mago de varita.

-La verdad es que no la utilizo, sólo para algún truco de magia.

-Es más de instrumentos musicales.

-Sí, pero siempre imaginarios.

-¿Toca más instrumentos?

-No, pero si no hubiera sido mago, hubiera sido pianista.

-Dejó la televisión hace años y no se le ha vuelto a ver en la pequeña pantalla.

-Cierto, me gusta más el teatro porque es donde puedes estar en contacto con las personas. La magia no es lo mismo en la televisión.

-¿Qué fue del ‘Don Estrecho’ del ‘Un, dos, tres’?

-Chicho Ibáñez Serrador me había visto en una serie de programas en la televisión inglesa y me llamó para ofrecerme el papel. Fue una época extraña en España, no podíamos actuar con libertad y acabé diciéndole a Chicho que aquello me podía. Yo no era, ni soy, actor. Y me resultaba muy complicado. Luego Chicho y yo volveríamos a hacer cosas juntos, pero yo ya como mago, que era lo mío.

-¿Ha influido el boom de la telebasura para que no vuelva?

-Estaba muy cansado y lo que me han ofrecido no me ha llamado la atención.

-¿Y volverá alguna vez?

-Creo que no.

-Siempre ha luchado para que la magia no sea únicamente cosa de niños, ¿lo ha conseguido?

-Me daba mucha rabia ver que la magia sólo se relacionaba con eventos infantiles, así que empecé a hacer programas en televisión para dar a conocer este arte. Aproveché para invitar a otros magos que luego se quedaron.

-¿Así hay más variedad?

-Bueno, se ha conseguido que si antes alguien veía a un mago y no le gustaba decía: "No me gusta la magia". Si ahora alguien ve a un mago y no le gusta dice: "No me gusta este mago". Eso ya es un logro.

-Parece que entre ustedes, los magos, no existe rivalidad. Y si existe es una suerte de rivalidad sana...

-Claro está, al ser seres humanos también tenemos los mismos defectos y las mismas virtudes que los demás. Pero en general nos llevamos bien, nos contamos cosas, nos preocupamos por los ingenios de los demás... Es muy curioso llegar a una reunión de magos, o a una conferencia, y ver cómo se te acerca alguno y te dice: "Cuidado, por este lado te pueden ver y tal...". Yo acabo de llegar ahora de una conferencia en Alemania y me ha vuelto a ocurrir. Siempre ocurre. Los otros magos no te reciben nunca como una competencia. Te ven más como alguien de quien aprender.

-¿Le han propuesto hacer alguna película de cine?

-Sí, muchas veces, pero yo no valgo para eso... Soy el peor actor del mundo. Al final sólo me atreví con algún amigo, como Berlanga.

-¿Qué tal salió la experiencia?

-Pues le dije que sí, y de lo mal que lo hice decidieron dejarme en un segundo plano.

-Podría quedarse en una anécdota graciosa dentro de su trayectoria. ¿Alguna más?

-Puede ser. La verdad es que nunca he sabido contestar a lo de las anécdotas, soy un soso.

-Algo le habrá pasado durante todos estos años...

-Una vez se me acercó una chica para preguntarme si debía casarse o no, porque tenía muchas dudas.

-Pero usted no es adivino...

-Y doy gracias por ello.

-¿Cuál es su mayor logro como mago?

-Vivir la magia con inocencia. Aun conociendo el secreto, me sigue sorprendiendo. A veces me quedo pasmado ante las caras que pone la gente al ver un juego de magia. La gracia es que todos disfrutemos y no esperar nada a cambio, sólo el disfrute.

-¿Y el momento más duro?

-Bueno, de todo se aprende, pero recuerdo que al principio no me contrataba nadie... Y un día leí en un periódico que un japonés iba a torear por primera vez.

-¿Eso le inspiró?

-Totalmente. Pensé que si el japonés podía torear, yo podía hacer magia.

-¿Es supersticioso?

-No, soy madrileño.

-Y además, ¿mago e ilusionista?

-Efectivamente.

-¿Qué diferencia hay?

-En el fondo es lo mismo, no hay ninguna diferencia.

-¿Es también mago en su vida personal?

-En nuestra casa estamos siempre creando... ¡Es lo que tiene estar casado con una maga! Pero también me gustan otras cosas.

-¿Qué cosas?

-El arte, la cultura; siempre que viajamos aprovechamos para ir a alguna exposición.

-¿Y la familia qué le dice?

-Pues es que también se dedican a la magia. Mi hija, de hecho, tiene una escuela...

-¿Es fácil aprender a hacer magia?

-No, es algo que uno lleva dentro... No basta con ser aficionado, es un espíritu y una forma de ser.

-¿Cuál es el placer más grande que le aporta este mundo?

-Me gusta crear juegos y pienso que la magia es como la poesía. La poesía hace metáforas con las palabras y la magia es una serie de metáforas visuales con los objetos.

www.lagaceta.es

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